Un instante diminuto que contiene eternidad. Se invierte la polaridad y la quietud se hace respiración, latido. Una luz creciente nos revela un interior que yacía en sombras. Sientes entonces el peso de tu cuerpo dejar huellas en la arena, se eriza la piel al roce con la brisa fresca, se percibe la sal en la bruma. Decides respirar más lento, más profundo. El viaje al interior de tu ser es inevitable. Tiempo absoluto, paz, serenidad, un lapso en el cual te encuentras distante de "las cosas".
Se revela una libertad que jamás ha estado ausente. Tan solo la olvidaste, pero ahora sabes cómo traerla a este momento, a tu pausa sagrada, eterna.
Tú no eres tus pensamientos. ¡Detente! Respira, y siente la vida que te pertenece.

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