¿En qué se convierten los esfuerzos, las expectativas, los planes y sueños
que se van acumulando a lo largo de trescientos cincuenta y ocho días?
¿Qué cambió en nosotros en ese tiempo?
¿Podremos identificar el bucle esta vez?
¿Sabremos diferenciar lo que en realidad necesitamos?
¿Qué dejamos a nuestro paso en esta vuelta, que se contabilice más fácil que la visible y abrumadora cantidad de desperdicios?
El juego se reanuda. Atrás quedó el fragor decembrino y su juego de luces brillantes, regalos y promesas. Un castillo de naipes que mide trescientos cincuenta y ocho días.
J.G.O.H

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