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Enemigo implícito.

 Educación: Números,  letras,  colores,  formas, ciencias, leyes,  religión,  arte,  moral, conducta,  modales. Obviamente la lista es mucho más grande. Todos estos mecanismos, herramientas, conocimientos, han servido al hombre en su necesidad de ordenarse para sistematizar y "equilibrar" la vida en el planeta, haciéndola más segura, más "justa". Pero toda esta intención esconde detalles que, al ser puestos bajo la lupa, generan escalofrío por lo poco que han cambiado a lo largo de la historia.
La educación es, sin duda, el sistema de adoctrinamiento por excelencia. Sin darnos cuenta, vamos recibiendo e incorporando información con mensajes encriptados, contentivos de los pasos necesarios  a seguir llegado el caso. 

Aclaro que mi intención no es satanizar a la educación, pero sí, alertar sobre lo que ella representa en términos de manipulación y control masivo. Y es que, lo primero que encontramos como falla, es la mal llamada "calificación" que convierte al ser humano en perseguidor y procurador de cifras, con las cuales se  definirá su clase y los estándares de vida que éste podría alcanzar como producto de su esfuerzo. La peor parte se encuentra en la separación que esto supone, ya que para todo este proceso se requiere  de la competencia entre unos y otros, en su intento de alcanzar las añoradas cifras. Esto genera una idea del "otro" cargada de tensión constante, generadora de barreras y distancias que ayudan poco. Y esto no termina ahí. 

Debo añadir que existen otros "enemigos implícitos" cuya discreción ya ha desaparecido, y sus efectos hoy son contundentes. Tal es el caso de la discriminación racial, la de géneros, y una de las más antiguas, la discriminación religiosa, que como dato curioso lleva de ingrediente a las anteriores. 

Por todo esto, supongo la urgencia de reorientar los sistemas educativos y hacerlos cada vez más humanos.


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